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Los vecinos de Fuentepelayo tienen gran afición por la Fiesta nacional por excelencia, los toros. Desde tiempos inmemoriales se traían las reses bravas de las propias ganaderías hasta el término del Municipio; aquí, en los parajes conocidos como "El Verdinal" y "El Caparral" descansaban unos días y posteriormente, por la cañada respectiva, las acercaban los caballistas hasta la entrada por la calle de " El Arenal". Cuando llegaban a las inmediaciones de dicha calle eran azuzadas por los caballistas para que se organizara el encierro hasta la Plaza Mayor. Aquella costumbre desapareció con la mejora de los medios de transporte, pero ha vuelto a resurgir en los últimos años.
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Actualmente, se celebran dos encierros urbanos. En el primero, viernes a las 19:00 horas, los toros se sacan desde el propio camión en la calle Arenal iniciándose así el recorrido por las calles del municipio. El segundo se realiza ese mismo día a las 23:30 horas. El encierro comienza en la Plaza Mayor, lugar donde se encuentra la plaza de toros.
En el año 1992 se incorporaron los encierros campestres en un afán por recuperar la tradición. El sábado y el domingo por la mañana, son incalculables las personas que se acercan hasta Fuentepelayo para ser testigos directos de estos recorridos por el campo. Numerosos caballistas, llegados de los más diversos lugares, lucen sus bellos ejemplares y muestran el dominio del caballo mientras guían a los toros hasta la embocadura de las vallas para iniciar el recorrido por las calles de la villa.
Las reses bravas, acompañadas por los mansos, se sueltan en el paraje conocido como San Cebrián, a unos tres kilómetros del casco urbano; si todo transcurre con normalidad la manada habrá de agruparse para ir encaminados hasta la Cotarra de San Gregorio. Aquí se hace una parada para el descanso y para reponer fuerzas con el almuerzo, los bollos y el típico aguardiente, reemprendiéndose la marcha después. El espectáculo cobra una nueva belleza y dimensión durante la llegada a las inmediaciones de la población: las carreras de los caballos y toros, mezcladas con los corredores de a pie, el griterío del gentío, el ir y venir de la gente, el riesgo y la emoción, crean una imagen que se convierte en un cuadro de excepcional belleza plástica.
La novillada tiene lugar el domingo por la tarde. Con ella finalizan los festejos taurinos de las Fiestas en honor a Nuestra Señora de la Asunción.
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